PIONERAS

En ocasiones una acción personal consigue remover conciencias y provocar cambios. En el caso de la mujer, la historia nos dice que a través de acciones puntuales, a veces incluso desafiando las normas, se han motivado grandes cambios.

Nuestras Pioneras son mujeres que con sus gestos, retos y acciones personales abrieron el camino a otras muchas que, tras ellas, han podido seguir, repetir e incluso superar sus pasos.

Porque ellas y nosotras sabemos lo que es el desafío.

Si tu tambien quieres ser una pionera, pincha aquí.

Mujeres corredoras: Roberta "Bobby" Gibb

 

ROBERTA “BOBBY” GIBB

“Algo tendrá el agua cuando la bendicen”, reza el dicho. Y algo ha de tener Boston y su maratón. No sólo por ser el más antiguo de los que se celebran hoy en día, sino también por ser la cuna de la revolución femenina en esta distancia. La edición de 1966 vio cómo Roberta “Bobby” Gibb, con 23 años conseguía finalizar la prueba. Fue la única mujer entre los 415 participantes de aquella edición. La pionera. En aquellos años la revolución cultural se adueñaba de las universidades norteamericanas, y esa revolución se extendió a todos los ámbitos, incluido el running, y especialmente, a la distancia que en aquella época la comunidad científica (masculina) consideraban imposible de abordar para la fisiología femenina: el maratón.

 

Primer record femenino

 

Bobby Gibb también participó en las ediciones del 67, acompañada por Kathrine Switzer, y en la del 68, siendo la primera en las tres ediciones. En 1966, cuando solicitó su inscripción al igual que el resto de participantes, esta fue rechazada aludiendo a la incapacidad femenina para cubrir tal distancia. Pero Bobby había hecho los deberes, y muy bien hechos. Para preparar aquel maratón, estuvo entrenando durante dos años, haciendo tiradas de hasta 40 millas. Su madre la acompañó en el viaje de autobús que tomó desde San Diego, y que duró 4 días y 3 noches, para acudir a su cita con la historia. Cuando dieron la salida, esperó a que la mitad de los corredores cruzaran la línea para integrarse en medio de los participantes, cubierta con una sudadera, y la capucha puesta por miedo a que la reconocieran. Más adelante, al ver el apoyo de la gente y el resto de los participantes, se despojó de ella y acabó la prueba en un tiempo de 3:21:40, el primer récord femenino de la prueba.

Ese mismo año, la revista Sports Illustrated le dedicó un artículo en la edición del mes de Mayo, con el titular Una jugadora en un juego de hombres: “He corrido el maratón para cambiar la forma de pensar de la gente….si las mujeres pueden hacer esto, que se creía imposible, ¿qué más podrían hacer? ¿Qué otras cosas imposibles puede hacer cualquiera?” Sus palabras, y sus actos, forjaron la leyenda, y abrieron la puerta al grupo de mujeres que revolucionó este deporte.

Mujeres corredoras: Joan Benoit
Mujeres corredoras: Joan Benoit

Foto: Kevin Morris.

Boston Marathon 2013

JOAN “JOANNIE” BENOIT SAMUELSON

Seguimos en Boston. Y es que otra hija de Massachussets iba a inscribir su nombre como la primera ganadora de un maratón olímpico, en los JJ.OO. de Los Angeles ’84. Antes ya había ganado la prueba de Boston (1979 y 1983) estableciendo un nuevo récord mundial.

La inclusión de las mujeres en la prueba de maratón, en 1970 en el de Nueva York, y en 1972 en Boston, ya era un signo evidente del cambio de los tiempos. Pero las mujeres aún tuvieron que esperar 14 años para que este reconocimiento se hiciera patente en la mayor competición deportiva del calendario.

 

Su vida cambió al salir del túnel

 

Pese a ser una de las favoritas, Joannie no lo tuvo fácil. Su rival en aquellos años, la plusmarquista Grette Waitz, era la primera en todas las quinielas. Campeona del Mundo el año anterior y 5 veces vencedora en “la gran manzana” (de las 9 victorias que conseguiría en su carrera) parecía invencible en esta primera cita olímpica. Además, Benoit había tenido que pasar por el quirófano para reparar su maltrecha rodilla apenas tres meses antes del gran día.

Pero el 5 de agosto de 1984 era el día de Joannie. Comenzó la carrera y apenas transcurridos 5 kms, para evitar el embotellamiento en el primer avituallamiento, lo evitó, se distanció del grupo, y ya no hubo nadie que pudiera darle caza. En el túnel de entrada al Coliseo de Los Angeles, con la victoria en una mano y la bandera de su país en la otra, unas milésimas de segundo antes del estruendo que generó su entrada en el estadio, pensó “Cuando salgas de este túnel tu vida habrá cambiado para siempre“. Y así fue.

Ni el episodio protagonizado por la suiza Gabriela Andersen, la última participante en la prueba, cuya vuelta a la pista, tambaleante, encogió los corazones de los millones de espectadores que por primera vez veían unos JJ.OO. por televisión, pudo detener la imparable ascensión de las mujeres en el running.

Joan Benoit sigue corriendo cada día, y ya cuenta 58 primaveras. Sigue corriendo maratones en menos de 3 horas. Además, organiza cada año una carrera de 10 km, la TD Bank 10K, para recaudar fondos que van a parar cada año a diversas organizaciones de ayuda a la infancia, y para devolver al running parte de lo que el deporte le ha dado a ella a lo largo de su carrera.

MAY EL-KHALIL

“No se construye la paz en un sprint, sino en un maratón”.

Los maratones populares son hoy eventos internacionales en los que corredores de todos los puntos del planeta, se unen para celebrar la vida, para poner a prueba su determinación y su capacidad de sacrificio para alcanzar la meta. Pero este panorama no ha sido siempre igual. Después de 60 ediciones, el decano de los maratones, el de Boston, apenas alcanzaba el medio millar de participantes, todos hombres.

 

El running, instrumento de unión

 

Todas estas pruebas tienen algo en común. Son pruebas para hombres, organizadas por hombres. Apenas hay media docena de organizadoras de maratones en el calendario de la federación internacional, y entre todas ellas destaca la figura de May El-Khalil, la organizadora del Maratón Internacional de Beirut desde el 2003, una de las pioneras en esta faceta.

Si ser organizadora de un maratón ya es una rareza, serlo en un país de Oriente Medio, donde la cultura separa aún más a la mujer del hombre, es una proeza. May El-Khalil vuelve a su país natal tras pasar gran parte de su vida en Nigeria. En 2001 sufrió un accidente que la dejó en coma y la obligó a pasar varias veces por el quirófano durante los dos años siguientes. Es entonces, en el 2003, cuando tuvo la visión de que el running puede ser un instrumento de unión. De unión entre culturas diversas, entre religiones aparentemente opuestas, o políticas irreconciliables… a priori. Correr nos hace a todos iguales ante la carretera que separa la salida de la meta.

Tras el asesinato del primer ministro de su país en 2005, y bajo el lema “United We Run” (Corremos unidos), la carrera alcanzó la cifra de 60.000 participantes, todo ello en una de las regiones más turbulentas del planeta. En el año 2013, ante la amenaza de un inminente conflicto armado con la vecina Siria organiza la primera carrera femenina de 10 Km en Beirut, con más de 4.000 participantes.

Hoy, May El-Khalil sigue al frente del mayor evento de running de Oriente Medio, como instrumento de paz a través del deporte, y es fuente de inspiración para todas nosotras.

May El-Khalil

Foto: Fit’n Style

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Foto: Beirut Marathon

Mujeres corredoras: Carmen Valero

CARMEN VALERO

Si hablamos de pioneras, en España hay que hablar de Carmen Valero, un nombre que aún no se ha escrito con letras tan grandes como merece. Una turolense nacida en 1955 que abrió los caminos que hoy conducen a los éxitos que cosechan las atletas españolas. Es hora de recordar su talento, contagiarnos de su pasión y reconocerla como el acervo del atletismo español y del deporte femenino en general.

Carmen fue la primera atleta española en participar en unos JJ.OO, los de Montreal 76, donde disputó los 800 y los 1.500 metros. Ese mismo año, y el siguiente, en 1977, se proclamó Campeona del Mundo de Cross. Dos mundiales consecutivos de cross es algo que a día de hoy no ha alcanzado ningún otro atleta español, ni en categoría femenina ni masculina.

Queremos reivindicar a una mujer que ha sido la primera en tantas cosas… Si correr en los 70 en España era raro, que lo hiciera una mujer era ser de otro planeta. Carmen ya salía corriendo de su casa en Cerdanyola para coger el autobús que la llevaba a entrenar a Sabadell, y allí no le dejaban entrenar tanto como a los chicos, porque era una chica. La impotencia contra esos conceptos sexistas le llevaban al llanto; lloraba y lloraba porque quería correr y correr. No tuvo licencia federativa hasta que ganó su primera competición, la tercera que disputaba. Las competiciones anteriores las hizo con una licencia prestada.

Suponemos que su victoria en el Cross de las Naciones, el antiguo Campeonato del Mundo, en 1976, debió dejar con la boca abierta a más de uno. Nadie contaba con ello, pero nadie le dedicó un minuto. Fue una epopeya pero nadie la cantó, nadie le dio una palmadita en la espalda o un cheque generoso, cuando ya los chicos cobraban de la federación por sus victorias en un deporte que aún seguía siendo amateur. Un año más tarde, su victoria le supuso un premio económico… la décima parte de lo que hubiera cobrado siendo un chico.

Con 24 años decide ser madre y después de los tres meses de lactancia decide correr el Campeonato de España en Madrid, desde la Federación le cuestionan su participación y Carmen consigue clasificarse para el Mundial al que termina renunciando por el mal trato recibido.

Con zapatillas Victoria, sin ayudas, ni masajes, ni patrocinadores, ni centros de alto rendimiento, Carmen ha sido la mejor fondista del deporte español. Compitió hasta 1986 a gran nivel, y hoy sigue pateando las calles de su Sabadell de adopción con un amor, energía e ilusión propios de la gran campeona que es. Ganó muchas medallas, y aún le corresponde un poquito de cada una de las medallas que ganan sus colegas más jóvenes.